
La luz solar es esecial para la vida de los organismos, pero sus rayos pueden herir, por lo que hay tomar las medidas oportunas, siempre teniendo en cuenta ciertas circunstancias.
La playa
Una pequeña cantidad de rayos ultravioleta es beneficiosa para la personas normales, pero demasiada puede perjudicar al cuerpo humano. Estos rayos son de longitud de onda más corta que la luz visible o que los rayos infrarrojos. La sobreexposición a los rayos ultravioleta, lesiona directamente las células más superficiales de la córnea y la retina, produciendo irritación, dolor y lagrimeo profundo. Esto suele aparecer horas más tarde de la exposición prolongada. Aunque no exista una exposición directa al sol, la luz ultravioleta reflejada por el agua o la arena, puede ocasionar los mismos problemas que la radiación directa del sol. Las nubes absorben la luz infrarroja y la visible, pero permiten el paso de los ultravioletas. En invierno, los rayos ultravioleta no llegan al nivel del mar, porque el sol está muy bajo sobre el horizonte y pierden intensidad al atravesar la gran masa de la atmósfera. El humo y la polución de las grandes ciudades, filtran las longitudes de onda más cortas, por lo que la posibilidad de problemas es menor que en la playa y la montaña. Unos buenos lentes de sol suelen ser el remedio más eficaz para prevenir estos problemas. Según algunos especialistas, por razones cromáticas, es preferible que los miopes utilices lentes de sol teñidas de marrón, mientras que recomiendan para los hipermétropes una coloración verdosa.
La montaña
Las mismas recomendaciones que hemos realizado para la playa, sirven para la montaña, y si además están cubiertas de nieve, las precauciones han de ser mayores. En las montañas, la atmósfera esclarecida, no filtra los peligrosos rayos ultravioleta del sol y la nieve refleja intensamente la radiación solar. Por todo esto es recomendable llevar puestos siempre unos buenos lentes, para protegerse de la fuerte radiación.